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América Latina y el Caribe
14 de abril de 2011
Hacia el mediodía del pasado 17 de febrero, Sandra Viviana Cuéllar salió de su casa con dirección a la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, donde debía dictar una clase a la que nunca llegó. Unos días después, fueron encontrados su documento de identidad y su teléfono móvil en el lugar donde debía tomar el servicio público de trasporte.
Sus familiares, amigos y diversas organizaciones nacionales e internacionales emprendieron de inmediato una campaña para dar con el paradero de esta ingeniera ambiental de 26 años, campaña que hasta el momento ha sido infructuosa. Una de esas personas es Hidelbrando Vélez, reconocido ambientalista y profesor universitario, quien denuncia que ha venido recibiendo varias llamadas amenazantes y que le han sido sustraídos de su oficina varios discos duros que contenían información de la organización de Sandra Viviana Cuéllar, así como también sobre la campaña para encontrarla.
Sandra Viviana se dedicaba a trabajar con las comunidades de la región del Valle del Cauca, en Colombia. Estuvo vinculada con la organización Amigos de la Tierra, para la cual realizó estudios sobre los monocultivos forestales en la zona y trabajó intensamente en el referéndum nacional del agua que tuvo lugar el año pasado en ese país. Durante el último año, estuvo viajando en unos ejercicios de búsqueda de la espiritualidad tradicional de América Latina y, desde hace algunos meses, había regresado a la danza, actividad que Sandra Viviana practicaba desde años. Nadie se explica, entonces, el por qué de su desaparición y quién podría estar detrás de ella.
Si bien Hidelbrando Vélez no aventura ninguna hipótesis, muestra su preocupación por la situación de seguridad que viven los defensores ambientales de esta zona sur-occidental de Colombia. Hace algunos meses, fue asaltada una finca agroecológica manejada por el profesor Mario Mejía. Todo esto se enmarca, según Vélez, en la propagación de una serie de documentos que vinculan la defensa de la naturaleza con actividades terroristas, lo que coloca a los ambientalista colombianos en una situación muy riesgosa.
Algunos analistas llevan tiempo denunciando que en Colombia se ha producido un rebrote de asesinatos a líderes campesinos, indígenas y ambientalistas en paralelo a la penetración de empresas multinacionales que pretenden explotar los recursos naturales de la región.
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