Ecología
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(Global)
25 de septiembre de 2009
Cada vez de forma más extendidas organizaciones sociales y multitud de personas van adhiriéndose a la idea del decrecimiento para vivir mejor. Parece lógico entender que si quisiéramos exportar a todo el planeta el desarrollo y el consumo que por ejemplo se aplica en Estados Unidos o Europa, no habría suficientes recursos, energía, ni materias primas disponibles. Para que eso fuera una realidad necesitaríamos 20 planetas, es decir con el actual ritmo de consumo y derroche de recursos jamás se podrá erradicar la pobreza. Es por eso que algunas organizaciones civiles, en diferentes partes del mundo, plantean como primer paso para acabar con la pobreza la lucha contra la riqueza y el vertiginoso desarrollo del Norte rico. Afirman que el gran reto del decrecimiento en los países enriquecidos es aprender a producir valor, libertad y felicidad reduciendo significativamente la utilización de materia y energía, así como los desechos. Se trata de aprender a vivir mejor con menos para poder pasar de una cultura de guerra con los territorios y el conjunto de los seres vivos a una cultura de paz que permita construir otra forma de estar en el mundo.
Con la idea asimilada, muchos se han puesto a elaborar propuestas concretas. Una de ellas hace referencia a los hornos solares. David Gallego, de Onda Color, en Málaga nos informa.
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